Capítulo 0

Introducción

Escupo sangre por el golpe en el estómago, eso ha dolido, me doblo por la mitad, conteniendo la respiración. Mi visión se nubla y no puedo ver más que unas manchas borrosas a mi alrededor, se mueven mucho y bastante rápido. De repente noto que alguien me agarra del pelo con brusquedad y impacta su rodilla contra mi cara haciendo que choque contra mi pómulo izquierdo y yo ahogo un grito. Eso dejará marca por un tiempo. Aprieto los nudillos con fuerza, genial, ahora me pitan los oídos y no oigo nada. Agarro su brazo con las dos manos, le clavo las uñas y cuando me suelta lanzo a la persona hacia un lado, me incorporo lentamente, recuperando mis sentidos. 
 
Estúpido ingrato. Miro esos ojos grises que conozco desde hace poco y me abalanzo sobre la persona que los tiene. Lo inmovilizo, o al menos eso intento, porque a penas me pongo encima rueda y es él el que esta sobre mi, me sonríe con maldad, como diciendo "Yo tengo el control y te voy a destrozar". Yo frunzo el ceño y le pego un puñetazo, él gira la cabeza haciendo ver que le ha dolido pero en seguida me inmoviliza el brazo, poniéndolo por encima de mi cabeza. Ahora ya no sonríe, tan solo me mira como si hubiera herido su ego y aprieta los dientes. Levanta su brazo y me pega un puñetazo en la cara, dos... tres... ¿que por qué los cuento? Me ayuda a pensar. Y como parece que este semental se ha olvidado de mi mano libre la llevo hasta su cara y lo aparto de un empujón. No tengo tanta fuerza como me gustaría así que solo pierde el equilibrio por unos momentos, pero es el tiempo suficiente que necesito para levantarme. Estoy a punto de abalanzárme sobre él para pegarle una patada en la cara cuando de repente alguien me sujeta por detrás. Son los guardias, alguien debe haberlos llamado al ver el numerito que habíamos montado.

Veo que el señor ojos grises se levanta con una sonrisa triunfal en el rostro mientras se peina con los dedos, tiene algún que otro moratón en la cara pero no parece importarle. Entonces se muerde los labios y lo miro, al momento me doy cuenta de que lo hace aposta y su sonrisa se ensancha al ver que sus labios captan mi atención. Ahg. No podía negar que era atractivo, pero su personalidad lo hacía verse como un puerco. Y no me gustan los cerdos.

— Contrólate Reya —dice guiñándole un ojo—. Se que soy irresistible pero no me conquistarás de esta manera.

Lo miro indignada. ¿Pero quién se cree este patán para hablar así de mi? ¿Cómo se atreve ha hablarme como si fuera otra perra que fuera a caer entre sus garras de hombre lobo? Me suelto del agarre del guardia y me acerco a él para encararlo. El no pierde sus sonrisa.

— Siento decepcionarte —digo con el ceño fruncido—. Pero si un hombre tiene pulgas no me interesa.

El se queda con la boca abierta, sorprendido ante mi comentario, seguramente se esperaba que me callase y me fuera, con el orgullo por los suelos, pero yo no soy así. Ya me irá conociendo.

Entonces frunce el ceño, me mira como si pudiera hacerme pedazos con la mirada, se arregla la chaqueta y se va. Si, llevaba un esmoquin, negro con una camisa blanca, se habrá metido en una pelea pero parecía que acabará de terminar de arreglarse para una gala salvo por un par de mechones de pelo rebeldes que le caían a los lados de la cara, aunque parecía hecho a posta. En cambio a mi se me había desecho la trenza y parecía un león con heridas de guerra, por qué sí, no me hacía falta comprobarlo para saber que la cara se me empezaba a hinchar y las marcas y moratones empezaban a salir. Entonces me acuerdo de que vengo de visita al reino, que me quedaré por una temporada (muuuuuchoo tiempo) y que debería de estar causando una gran impresión en lugar de meterme en peleas con el 2° príncipe de... Y entonces me doy cuenta: ¡Es el príncipe! ¡Me puede echar de aquí si quiere! Espera... ¿¡Me puede echar!? ¡Y no solo eso! ¡Si no le gustó asta podría empezar una guerra contra mi país! Esto no es bueno.

¿Qué como hemos llegado asta aquí? Pues verás...



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