Capítulo 1

 Dirseria

La luna brilla especialmente esta noche, mi padre me explicó que eso hace que nuestros poderes sean más fuertes. La luna nos vuelve invencibles. O eso le gustaría a él. Por qué la noche es el momento de poder de muchas criaturas. Sobre todo de las criaturas como nosotros, pertenecientes a la noche. 

Todas las criaturas de este reino estamos unidas. En Arcavatria lo llaman Patria. Es esa conexión que sientes cuando estás en un apuro y alguien te ayuda, eso es lo que sentimos. Por qué desde la época Oscura todos nos hemos apoyado en tiempos difíciles, el enemigo te ayuda cuando tienes problemas. 

Yo no viví la época Oscura pero sé que fue sangrienta, macabra y brutal. Los cinco reinos enfrentados, asta que llegó mi abuela, con tan solo quince años y, pacíficamente, les dijo a los otros reinos que debían firmar un tratado de paz entre los reinos, o todo acabaría en desgracia, ya llevaban diez años de guerra y algunas especies habían empezado a extinguirse o ya no existían. Por qué antes eran ocho reinos, pero habían ido matando a sangre fría a cada uno de los habitantes. Y como ya tres reinos habían desaparecido por completo junto a las criaturas y personas que vivían en él se dividieron las tierras entre los cinco reinos que quedaban y se intentó olvidar. 

Quedan pocos registros de esos tres reinos en la actualidad. ¿Que como se que existieron? Mi abuela guardo lo poco que no habían quemado, que en resumen era un libro de cada sitio sobre las especies y las particularidades de los habitantes. Por supuesto en un solo libro no cabía todo, por lo que hay muchas especies que nunca sabremos que existían.

Pero primero os explicaré cuales son los reinos que hay ahora:

Havira, el reino gobernado por los vampiros. En el viven todo tipo de criaturas chupa-sangre y sus presas. Se rumorea que a veces bajan a los otros reinos para llevarse a víctimas de las que alimentarse asta la muerte. Dicen que son fríos, despiadados y siniestros.

Dirseria, este reino es gobernado por los hombres lobo o licantropos. En el viven todo tipo de criaturas cambia formas y sus presas. Viven en el lado izquierdo del globo. Se rumorea que quieren iniciar una guerra con Arcavatria, mi tierra. Dicen que son impulsivos, cálidos y feroces.

Mairena, este reino es gobernado por tritones y sirenas. En el viven todo tipo de criaturas marinas. Viven en el centro. Odian a los humanos y se dice que su rey fue atacado por el rey humano. Dicen que son agresivos, traicioneros y listos.

Sirileba, este reino es gobernado por humanos con dones. En el viven todo tipo de animales no-mágicos. Viven en el lado derecho del globo. Tienen especial rivalidad con los habitantes de Mairena por qué el rey tritón maldijo a su princesa humana. Dicen que son arrogantes, avariciosos y impredecibles.

Y por último. 

Arcavatria, este reino es gobernado por brujas y brujos. En el vivimos todo tipo de criaturas mágicas. Vivimos en la parte de abajo del globo. No tenemos especial rivalidad con nadie e intentamos llevarnos bien con todos aunque creo que se avecina una guerra. Mi padre nos describe como cariñosos, pacíficos y sabios.

Mi padre es el rey de Arcavatria, Alexander Kough III el grande. Todos lo respetan y lo adoran. Y mi madre, Lamay Kough I la humilde. Todos la veneran.

Espero ser una gran gobernante, como ellos, y poder hacer grandes hazañas, tal vez unir a los reinos por fin. Eso sería un gran logro.

Bueno, los otros reinos son...

Alguien toca a la puerta, estoy en mi habitación, con un libro en mis manos, lo guardo rápidamente debajo de la almohada. "Secretos de Irguria" Si mi padre me viera con él me mataría, no quiere que me obsesione con los reinos caídos pero es que no puedo evitarlo, me parece fascinante.

— Señorita Kough, —me dice una jovencita con un vestido de sirvienta mirando al suelo— su padre la busca en el gran comedor.

— Oh, iré ahora mismo —digo sonriendo y ella asiente sin mirarme y cierra la puerta.

Me hago una coleta alta, a mi padre no le gusta que lleve el pelo suelto, dice que debo usar siempre coleta o trenza, dice que mi pelirrojismo lo distrae y así se disimula más. No quiere que los demás me vean con el pelo suelto por qué cree que es un color para chicas y no quiere que me vean como a una si no como a su heredera.

Estúpido, lo sé.

Pero en en este mundo lleno de hombres que se creen superiores debo rebajarme a parecerme lo máximo a uno para que se me respete. A veces incluso creo que me buscarán esposa en lugar de marido.

Voy por los pasillos del gran palacio, paredes blancas con estampados color crema, cuadros ostentosos de antiguos gobernantes, todo eso y más. Bajo unas escaleras y giro a la derecha, entro por la segunda puerta y veo a mi padre sentado tomándose el café de por la tarde. Siempre se toma uno.

Está revisando unos papeles mientras se masajea las sienes como si intentará alejar el dolor de cabeza o el estrés.

— Hola papá —digo sería—. ¿Qué puedo hacer por ti?

— Hola Reya —me dice— siéntate.

Me siento en frente de él en la larga mesa y miro los papeles por encima. ¿"Aceptamos su propuesta"? ¿"Boda de no sé qué"? Esto no me gusta nada.

— ¿Qué es eso? —le pregunto con curiosidad y miedo a la vez.

— Ah, no es nada —aparta los papeles a un lado, alejándolos de mi vista y me mira, entonces le hace una señal a una sirvienta para que se acerque—. Tráele un café solo a mi hija.

Ella se va. Noooo, café solo nooo, lo siento pero no me gusta nada, a pesar de eso, y de saberlo, mi padre siempre me pide café solo.

— Te voy a enviar a Dirseria durante una temporada —suelta sin más y le da un sorbo a su café.

Mi boca se abre formando una gran O. ¿Me va a enviar al reino de los hombres lobo? Me sorprende que después de tantos años diciéndome que desgarran la carne de sus presas por placer ahora me quiera enviar a conocerlos.

— ¿Que...? —digo intentando procesarlo—. ¿¡P-porque!?

La sirvienta llega con el café y lo pone delante de mí. Le doy un sorbo, y su amargura me hace poner una mueca.

— El hijo del duque se va a casar.

— ¿Y a mi qué? No se ni quien es —digo indignada.

— Cuando tú naciste el vino a verte —dice con tono severo—. Así que no te quejes, además, cuando seas la reina formará parte de tus deberes.

Yo suspiro, no me podré librar de esta.

— Está bien... ¿Cuándo?

— Mañana mismo —dice alegremente, como si me estuviera diciendo que los reyes magos han traído regalos.

— ¿Qué? —digo sorprendida, vaya, cuánta antelación, ya podría haberme avisado antes, un poco más y me lo dice mientras me sube al avión.

— Las sirvientas ya están preparando tus cosas, te llevaras a uno de mis soldados como guardaespaldas. Serás nuestra representante y la boda se celebrará en un mes. Y para que lo sepas, el duque se llama Waider de Clemont y su hijo Gerde de Clemont. Y como eres una invitada de la realeza te alojaras con el rey y la reina en el palacio.

— Pero... 

— Ya está decidido —dice y me mira severamente.

Al ver esa mirada se que la conversación a terminado. Al final siempre se hace lo que el desea y eso me exaspera. Suspiro de nuevo, rendida. Algún día podré decidir. 

Me tomo el café de un trago, haciendo una mueca al terminar, y me voy a mi habitación, tendré que despedirme de mi hermanita y de mi madre y no las veré asta dentro de DOS MESES. Eso es demasiado, y aun encima con gente que tiene colmillos, garras y una fuerza descomunal.

 
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Abrazo a mi madre y ella llora en mi hombro.

— Cuidate cariño, no dejes que te intimiden y se elegante —me dice separándose de mi y alisándose el vestido.

Entonces miro a mi hermana, su pelo es rizado y más anaranjado que el mío. Me mira con una media sonrisa. Sé que me quiere muchísimo, somos inseparables. La abrazó con toda mi alma, deseando verla pronto.

— No dejes que los sirvientes se burlen de ti en mi ausencia —le digo sonriente.

— Ahg... Eso pasó cuando tenía ocho años —se queja—. Superalo.

— Pffft... Nunca —digo con tono burlón.

— Venga, vete, antes de que empiece a echarte de menos boba —me dice con una sonrisa ancha comenzando a formarse en sus labios.

Yo asiento con la cabeza, entonces llegó asta mi padre y nos damos la mano.

— No nos avergüences —me susurra y solo lo oímos el y yo.

Me subo al avión, despidiéndome con la mano, hay algunas cámaras de televisión grabando el momento. También me gravarán llegar a Dirseria. Estoy nerviosa, he oído que que los reyes tienen un montón de hijos, todos hombres, TODOS. Ese palacio debe de estar lleno de testosterona. ¿Cómo serán? ¿Groseros? ¿Educados? ¿Amables? Nunca he conocido a un chico, solo a los sirvientes y no es que sean muy habladores, siempre que hablo con ellos tiemblan y asienten con la cabeza o me dan la razón. Es muy aburrido.

Miro por la ventana cuando el avión despega, veo las luces de las calles empezando a apagarse, se hace de día, pero en Dirseria será de noche cuando llegue, el cambio de horario será complicado. Mi padre me ha dicho como se llamaban los príncipes y los reyes y lo he apuntado en una libreta para que no se me olvide.


El Rey: Simone Donovan
Edad: 48 años
Ocupación: Rey de Dirseria
Raza: Hombre lobo.
Aspecto: Pelo castaño oscuro canoso y ojos color azul marino.

La Reina: Eleanor Donovan
Edad: 43 años
Ocupación: Reina de Dirseria
Raza: Mujer loba.
Aspecto: Pelo castaño claro y ojos marrón oscuro.

Hermano mayor: Aidoneo Donovan
Edad: 24 años
Ocupación: Futuro heredero de Dirseria.
Raza: hombre lobo.
Aspecto: Pelo rubio casi castaño y ojos verdes con pintitas marrones.

2° hermano: Matthew Donovan
Edad: 22 años
Ocupación: Príncipe de Dirseria
Raza: Hombre lobo.
Aspecto: Pelo negro carbón y ojos grises.

3er hermano: Liam Donovan
Edad: 20 años
Ocupación: Príncipe de Dirseria
Raza: Hombre lobo.
Aspecto: Pelo castaño y ojos azul oscuro.

4° Hermano: Eliot Donovan
Edad: 19 años
Ocupación: Príncipe de Dirseria
Raza: hombre lobo
Aspecto: Pelo rubio y ojos marron claro.

5° hermano: Wade Donovan
Edad: 17 años.
Ocupación: Príncipe de Dirseria
Raza: hombre lobo
Aspecto: pelo castaño oscuro y ojos verde césped.

6° hermano: Helian Donovan.
Edad: 16 años.
Ocupación: Príncipe de Dirseria
Raza: hombre lobo
Aspecto: pelo castaño con tonos rubios y ojos azul claro.

Mi padre me los ha descrito así, pero como todos se parecen supongo que en costará distinguirlos tan solo con estas indicaciones. Antes de que me de cuenta me quedo dormida y horas después me despierto al notar aterrizar al avión, entonces voy al aseo a retocarme un poco, debo estar presentable para las cámaras. Me miro al espejo, mi pelo rojizo esta atado en una trenza, no llevo maquillaje por que mi padre dice que me hace ver muy femenina y eso no impone, llevo un traje negro con una camisa blanca, pero en lugar de llevar los horribles zapatos que me dio mi padre me he puesto unos tacones de unos siete centímetros negros. Cuando mi padre lo vea querrá ahorcarme con sus propias manos pero supongo que tendrá que esperar dos meses. Me dirijo asta la salida y el guardaespaldas que me ha puesto mi padre, que es un señor de unos cuarenta años con el pelo rubio, los ojos azules y una barba también rubia, con mirada amable pero amenazante, me abre la puerta. Veo la luna, es descomunalmente grande, pero no esta llena, esta en plena fase de Luna creciente. 
 
Miro al frente, donde las cámaras filman mi llegada, examino a los periodistas, buscando garras, colmillos o signos de que acaben de matar a un pobre bebe indefenso, pero nada, parecen personas normales e indefensas. Entonces mi mirada se dirige a la entrada del aeropuerto, donde me espera una limusina negra. La puerta se abre y veo salir a un chico de pelo rubio repeinado con gomina hacia detrás, ojos color avellana, una sonrisa amable e inocente y un traje azul marino que parece hecho a medida, con una camisa negra debajo. Se nota que hace ejercicio pero no tiene unos músculos muy marcados. 

Bajo las escaleras del avión y el se dirige hacia mi.

— Hola, soy Eliot Donovan —me dice sonriente—. Encantado de conocerte.
 
— Hola Eliot, yo soy Reya Kough —digo firme con una media sonrisa—. También es un gusto conocerte. 
 
— Mis padres me han enviado a recogerte —dice mientras caminamos asta nuestro vehículo—. Como tenemos la misma edad pensaron que nos llevaríamos bien. 
 
— ¿Tu también tienes diecinueve? —pregunto en tono amable.
 
— Sí —me dice abriéndome la puerta del coche para que pase.
 
Yo paso a regañadientes, no me gustan este tipo de tratos, no tiene que abrirme la puerta tan solo por ser mujer. Me siento y puedo comprobar que la limusina es bastante grande. También hay un armario pequeño y una neverita. Eliot entra después de mi y se sienta a mi izquierda, lo veo suspirar, pasarse los dedos entre el pelo para despeinarlo y aflojarse la corbata. Yo simplemente lo miro confundida. Después de unos segundos me mira.
 
— Perdona, no me gusta vestir así ni tener este aspecto, este no soy yo y me hace sentir incomodo, pero como los cámaras de tu país venían contigo mi madre me dijo que debíamos dar una imagen sofisticada, normalmente somos más cercanos a nuestro pueblo, por lo que no nos arreglamos tanto.
 
Aquello me dejo descolocada. ¿No solía vestir así delante de los habitantes de su país? ¿Entonces que llevaba? ¿Chándal? A mi me habían acostumbrado desde pequeña a llevar traje y a mi hermana vestido. 
 
— Oh —fue lo único que salió de mi boca.
 
— ¿Y cómo os divertís en Arcavatria? ¿Qué hacéis los jóvenes? —me pregunta desabrochándose la chaqueta. 
 
— ¿Divertirnos? —digo algo descolocada.
 
El me mira, insistente, esperando una respuesta. ¿Cómo me divierto yo? Instantáneamente mi mente vaga asta el día en el que un noble de tierras lejanas me regalo un arco y mi padre lo rompió cuando se fue, con el pretexto de que no era un buen arma, dijo que mejor aprendiera a usar la espada. Pero yo quería ese arco desde hacía mucho tiempo. También me acorde de ese día en el que mi madre, mi hermana y yo preparamos galletas, a mitad de amasado mi padre vino a buscarme y me llevo al campo de entrenamiento. Entonces me acorde de cuando mi hermana y yo intentamos escaparnos para ir a la ópera, mi padre nos pilló, mandó a dos guardias que escoltaran a mi hermana asta el teatro, donde hacían la ópera y a mi me mando al cuarto oscuro. 
 
Un escalofrió me recorrió el cuerpo de arriba a abajo y se me pusieron los pelos de punta. Entonces lo mire, seguía esperando.
 
— Yo... yo entreno... —dije algo insegura, pero eso es lo que hacía.
 
— Pero eso no es una forma de divertirte —dice el como si yo le acabara de gastar una broma.
 
— Las niñas van a la ópera, leen, van al teatro y cosas así, pero yo entreno —le digo mirando al suelo—. Entreno y estudio. No se si eso es divertirse, pero es lo que yo hago.
 
— Vaya... —dice estupefacto— Tengo mucho trabajo que hacer, voy a llevarte a fiestas, vamos a escaparnos de palacio y te vamos a vestir para que te deseen guapa, ya es hora de que empieces a ser una adolescente rebelde no una niñita obediente. ¿Entrenamiento? ¿Estudios? ¡Hasta la ópera es un aburrimiento! ¿En que siglo vives? ¿Alguna vez has probado el alcohol? 
 
— El vino en cenas importantes —digo, seria.
 
— Voy a hacer que te diviertas como nunca nena —dice sonriéndome.
 
— Pero... no puedo simplemente saltarme todas las reglas —digo preocupada, preocupada por que quiero, por que llevo reprimiendo mucho tiempo quien soy realmente.
 
— Esto es Dirseria nena —me dice como si fuera obvio—. Tu padre esta a miles de kilómetros, nadie puede controlarte. 
 
Estoy a punto de contestarle, pero entonces el vehículo se detiene. Hemos llegado.


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