Capitulo 2
D. Laurence
El palacio es magnífico, muy parecido al nuestro. Salimos de la limusina y puedo comprobar que no hay ni una sola cámara a la vista, lo que me hace suspirar de alivio. No podría aguantar otra ronda de fotos con esos flashes tan molestos. Eliot y yo caminamos asta la puerta, donde nos espera una mujer que lleva puesto un hermoso vestido azul que lleva rosas de seda en toda la falda, tiene el pelo suelto de un hermoso color castaño y sus ojos marrones brillan a la luz de la Luna. A su vez veo a un hombre de postura recta y confiada que lleva un traje azul, parecido al de Eliot pero mucho más majestuoso. Entonces me fijo en sus cabezas y me doy cuenta de que ella lleva una majestuosa corona dorada y él una preciosa corona dorada con gemas azules.
Veo que hay cuatro chicos de diferentes edades a los lados de los reyes, todos con coronas más modestas sobre la cabeza. Entonces me doy cuenta de que Eliot no lleva corona, y de que falta uno, un príncipe. Me acerco de forma seria hacia ellos, pero no demasiado, no quiero ni parecer torpe ni parecer obstinada. Veo que la reina mira a Eliot y frunce ligeramente el ceño.
— Cariño...—le dice suavemente con voz confundida— ¿Y tu corona?
— Oh mierda...—suelta el por lo bajo— Ahora vuelvo.
Dice para después andar apresuradamente hacia algún lado. Yo miro a la reina, que graciosos, parecen una familia convencional, pero... ¿lo serán? Lo veremos. Aunque a mi padre a estas alturas ya se la hubiera notado la hostilidad. La reina me mira nuevamente, recuperando su sonrisa.
— Hola Querida, soy la reina Eleanor, es todo un placer —dice tendiéndome la mano en un saludo cordial.
Yo le devuelvo el saludo, me parece extraño, siempre es mi padre el que recibe a los invitados en el palacio. Entonces el rey, que no había dicho ninguna palabra hasta el momento me tiende la mano.
— Encantado, yo soy el rey Simone —me dice sonriente.
Yo le devuelvo el saludo, y cuando me suelta la mano hago una reverencia.
— Encantados rey y reina, mis más humildes respetos, me llamo Reya Kouhg y me gustaría... —empiezo a decir pero la reina me interrumpe.
— Oh, por favor, deja las formalidades a un lado, llamanos por nuestros nombres —me dice sonriendo.
Yo frunzo el ceño, confundida.
— Pero... mi padre dice que... —intento decir pero esta vez es el rey quién me interrumpe.
— Tu solo se tú misma —sonríe—. No hace falta que intentes impresionarnos ni nada por el estilo.
Mi cara debe parecer un cuadro abstracto ahora mismo, ¿Se supone que es una broma? Si mi padre escuchará esto estaría escandalizado. ¿A esto se refería cuando decía que eran animales sin modales? Vuelvo a poner cara neutral mientras sus hijos se acercan a presentarse.
— Encantada de conocerla madame —me dice el que parece el mayor—. De cerca es aún más hermosa.
Al decir esto último me guiña un ojo y veo que uno de sus hermanos bromea entre susurros y todos se ríen lo que hace que se lleven una mirada fulminante por parte de el mayor, cosa que solo hace que se rían más.
— Mi nombre, madame, es Aidoneo, pero para ti puedo ser quien quieras —dice con tono galán, supongo que quizá piensa que sus ojos verdes me conquistaran pero no.
Wow, parece que aquí está el mujeriego de turno, busco con la mirada al segundo hermano cuando Aidoneo se aleja, sorpresa, es el que falta. Entonces mi amiguito, Eliot, vuelve con la corona doblada puesta sobre la cabeza y se coloca junto a sus hermanos.
Un chico de pelo castaño y ojos azul oscuro es el siguiente en acercarse, deduzco que es Liam por los ojos y su aspecto maduro.
— Encantado señorita —dice serio y se inclina para besar mi mano— Me llamo Liam.
Su mirada profunda y fría como el hielo hace que un escalofrío me atraviese la piel. Parece muerto, sin vida, pero su piel es cálida. Deduzco que no es muy sociable, soy toda una detective ¿Verdad?
El siguiente en acercarse es Eliot que tan solo se acerca, da una vuelta sobre si mismo como toda una diva y dice:
— Eliot nena, creo que ya nos conocemos —dice burlón y vuelve a su sitio.
Ahora se me acerca un chico de pelo castaño oscuro y ojos verde césped. Wade, seguro, este es el que ha empezado la bromita sobre su hermano mayor, Aidoneo.
— Princesa —dice haciendo una reverencia muy exagerada y sonriéndome burlonamente—. Soy el príncipe Wade Klaus I, Wade para tí.
Yo sonrió, tentada a devolverle la reverencia, pero me contengo al recordar que no es algo que mi padre aprobaría. El siguiente en acercarse es un chico de pelo castaño con tonos rubios y ojos azul claro. Como es el último que queda, ya que Matthew parece haber sido absorbido por la tierra, sé que es Helian.
— Soy Helian —dice con una sonrisa tímida mientras se esconde detrás de Eliot—. Me gustan la pizza y los videojuegos.
Se comporta como alguien más pequeño para su edad, o al menos esa impresión me da ahora. ¿Pizza y videojuegos? Pues ya tenemos dos cosas en común. Yo tan solo le sonrió y asiento con la cabeza dándole mi aprobación.
— ¿Y Matthew? —pregunta el rey en tono severo.
— Oh, cariño, he ido esta mañana a verle y tenía fuertes dolores de cabeza y una fiebre altísima, ha tenido que ausentarse —dice con tristeza más para mí que para su marido.
Es una pena, pienso, hubiera sido entretenido ver a la oveja negra de la familia. Mi padre dice que siempre está avergonzado a la familia y metiéndose en discusiones, eso desde luego, es algo que no le deberían permitir. ¿Cómo puede ser tan bruto si se ha criado en palacio? ¿Acaso lo han consentido demasiado? ¿Alanna se volverá así como la sigan consintiendo tanto? Mi padre me contó que una vez agredió a un distinguido invitado que venía del reino de los vampiros y desde entonces las cosas se han puesto todavía más tensas.
— Pasa Reya, te enseñaré tu habitación —me dice la reina pasando su brazo por mi hombro y empujándome hacia adelante para después soltarme y que empiece a andar, ella es mucho más alta que yo, me saca una cabeza más o menos.
Yo asiento con la cabeza y caminamos juntas por el jardín asta las puertas del gran palacio, donde un sirviente nos las abre y la reina le da las gracias, algo que me sorprende, mi padre nunca jamás le daría las gracias a un sirviente por algo así, es su trabajo. Veo que las paredes están aterciopeladas y los suelos brillan con mármol blanco, negro y dorado que sube asta un poco menos de la mitad de la pared.
Veo que hay cuadros que decoran las paredes, tanto de antiguos reyes y reinas como de flores, hombres lobo, guerras, hay uno muy interesante que me llama la atención, es una mujer rubia de pelo largo, muy largo que sonríe con un hombre al lado de pelo negro y barba bien cuidada que también sonríe. La mujer lleva un bebé entre sus brazos. La reina nota que me he parado, mira el cuadro y sonríe casi con nostalgia.
— Precioso ¿No crees? —me dice con los ojos brillantes, se nota que este cuadro le gusta de verdad.
— Magnífico —digo hipnotizada por los ojos de la mujer del cuadro, grises—Incluso en la pintura se nota que la mujer es soñadora, feliz y que está enamorada, el autor lo ha sabido plasmar muy bien, es precioso, el cabello está muy bien hecho, no creo poder llegar a tal grado de perfección nunca, y la mirada del hombre, humilde, si te das cuenta la está mirando a ella, eso demuestra el gran amor que siente y que estaría dispuesto a lo que sea, aún más si te fijas en que el bebé sujeta su dedo, con esto puedo decir que estas personas existieron.
— Vaya, se nota que te gusta el arte —me dice la reina—. A mi hijo también.
Entonces me doy cuenta de que lo he dicho todo en voz alta y me ruborizo de la vergüenza. ¿Por que no puedo callarme tan solo una vez en la vida? Mentira, tú siempre estás callada, me dice mi subconsciente, y me molesta que tenga razón.
— ¿Quién... es el autor? —pregunto mirando al suelo cabizbaja intentando evadir la vergüenza.
— D. Laurence —me dice sonriendo—.
Aquí os dejo una cancioncita que me gusta bastante para que la escuchéis :).
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